La luz que brilla en la oscuridad

La matrona Lucienne Yaudogne realiza un examen posnatal a un bebé en la sala de maternidad del centro de salud de MSF en Boguila. / GIORGIO CONTESSI (MSF)

Muertes maternas que se podrían haber evitado

“República Centroafricana”. Antes de llegar aquí, ese nombre evocaba en mi mente oscuras escenas de guerra civil, asesinatos sin sentido y una situación de pobreza extrema. Estaba nervioso. Entre otras cosas porque, de nuevo, iba a tener que trabajar y vivir haciendo uso de mi francés de nivel básico. Hice mis investigaciones, leí noticias de los últimos años y varios artículos de opinión. Todo lo que se publicaba sobre la RCA era, casi unánimemente, sombrío.

Cuando les dije a los amigos y a la familia que me venía aquí, la respuesta más común era: "República Centroafricana, sí, claro que sí, pero… ¿A qué país en particular del centro de África vas?"

A pesar de ser uno de los países más inestables del mundo, RCA sigue siendo un gran desconocido y, en cierto modo, una emergencia permanentemente olvidada. Olvidado por algunos, pero no para todos: Médicos Sin Fronteras ha estado aquí desde 1997 y, con 16 proyectos, es el principal proveedor de servicios sanitarios del país. El trabajo que hace la organización aquí es impresionante, pero también es un reflejo del deprimente estado de las cosas en un territorio que es más grande, en tamaño, que Francia y Bélgica juntas. Que una ONG se esté haciendo cargo desde hace años de un papel que debería ser cubierto por el Ministerio de Sanidad, demuestra que aquí nada, o casi nada, funciona como debería.

El proyecto en el que estoy trabajando está en una ciudad fronteriza con la República Democrática del Congo. Es un lugar en el que los grupos armados han dejado huella muy recientemente. Sin embargo, la situación está actualmente en calma y la población local —y nosotros— disfrutamos ahora de una relativa estabilidad.

La maternidad del hospital es donde paso la mayor parte de mis días y alguna noche de vez en cuando. Los casos son una mezcla habitual de partos normales, emergencias y alguna que otra sorpresa. Aquí las parteras, de un modo u otro, se las arreglan para sacar adelante a los bebés.

Tanto si vienen de cabeza o de nalgas, animarán y motivarán a la madre hasta la extenuación. En el África subsahariana, una cesárea puede salvar la vida, pero también es una cicatriz que se llevará de por vida. Los riesgos de complicaciones en futuros embarazos (aquí las mujeres a menudo tienen más de 10 a lo largo de su vida) provocan que el hacer esa incisión sea una decisión que deba tomarse con suma cautela, así que, por lo general, sólo lo hacemos cuando todas las demás alternativas se han agotado.

Christelle, de 19 años, descansa junto a su bebé, de solo unas horas de vida, en la maternidad de MSF de Boguila. Junto a ella está la matrona que asistió el parto, Rachel Ndoyan, que es madre de seis niños. / GIORGIO CONTESSI (MSF)

Mucho más difícil que conseguir sacar adelante estos partos es arreglar la situación que provocan los embarazos no deseados. Es un tema que está considerado como tabú, pero que es el responsable de una gran proporción de muertes. En mi primer día en la capital, una mujer se presentó al hospital con los problemas generados por haber intentado interrumpir el embarazo de manera insegura. Estaba en shock séptico y murió.

La realidad para las mujeres de aquí, donde el acceso a los anticonceptivos es difícil o no es aceptado por los maridos o las suegras, es que el aborto se ha convertido para ellas en una forma más para el control de la natalidad. No obstante, es un método que tiene sus riesgos. Muy a menudo lo llevan a cabo por métodos "tradicionales". En estos casos las mujeres vienen a nosotros con signos de intoxicación, trauma o sobredosis de medicamentos convencionales. A menudo no consiguen su objetivo, por lo que el embarazo sigue adelante, pese al frustrado intento de aborto.

Junto con la matrona estamos capacitando al personal para reconocer a las mujeres que presentan complicaciones de pasados abortos y poder reaccionar ante ello, porque aquí, el tener acceso a historiales médicos detallados, es poco menos que una quimera. Procuramos organizar frecuentemente talleres para nuestros colegas nacionales sobre cuáles son los signos de sepsis y cuáles son los tratamientos de emergencia que se deben seguir. También hacemos ejercicios regulares en todo el departamento, otorgándoles cada vez más la responsabilidad en la administración.

Juntos nos vamos asegurando de que estas mujeres tengan un acceso rápido a al tratamiento, sea cual sea la razón de su urgencia. Y lo que es mejor aún: el personal nacional se siente implicado e identificado con la tarea de salvar la vida de estas mujeres. Por eso, me resulta emocionante ver como los que reciben formación van capacitando poco a poco al resto de trabajadores.

Sí, RCA es un país volátil y desafiante, pero la experiencia también me ha demostrado que no es se parece tanto a la idea que yo había preconcebido. Y aunque sé que yo sólo soy una persona que pasaba por aquí, al mismo tiempo estoy orgulloso de ser testigo de toda luz que brilla en la oscuridad.

Vía elpais.com EL PAÍS